lunes, 28 de julio de 2008

Comunidad y Empresa: Cuándo el matrimonio no funciona.



"Caso Shell Oil en Nigeria"

Hoy más que nunca se espera que las organizaciones tengan plena conciencia de lo que sus públicos de interés esperan de ella.

La tendencia actual es la de considerar que es la sociedad quien le otorga a la organización la "licencia" para operar. A cambio, la empresa devuelve el favor actuando de manera comprometida y responsable con la sociedad.

De acuerdo con esta lógica, la empresa es afectada por los mismos problemas, males, y conflictos que afectan a la sociedad (o grupo) que les concedió el privilegio de funcionar, configurándose así una suerte de “matrimonio” entre la empresa y comunidad.

Lo que la empresa HACE por sus públicos de interés tiene tanto peso e impacto como aquello que la empresa NO HACE o deja de hacer, especialmente, cuando sus públicos esperaban que la empresa actuara de alguna manera. En otras palabras, la "inacción", o "indiferencia" empresarial es percibida también como una falta al compromiso social asumido.

Tal es el caso de la empresa Shell en Nigeria, donde Ken Saro-Wiwa, activista ambiental nominado al premio de la paz, es condenado a muerte por el gobierno Nigeriano por resquebrajar el orden público.

Este líder comunitario luchó por mejorar las condiciones de vida de los pobladores Ogoni y por evitar la contaminación ambiental de su comunidad. Fue activista en contra del más grande proyecto de concesión que tenía Shell en Nigeria.

Grupos de derechos humanos, medio ambientales y otros círculos académicos, desde dentro como fuera del país, solicitaron a Shell abogara ante el dictador de Nigeria para evitar su muerte.

Pero la respuesta de la empresa fue definitiva sosteniendo que la empresa no intervenía en asuntos de política interna.

Finalmente, Ken Saro-Wiwa fue colgado en 1995 en una plaza pública de Nigeria. La información se diseminó rápidamente llegando a oídos de la comunidad internacional. La reacción de las ONGs ambientalistas no se dejó esperar.

El Wall Street Journal en su edición del 12/15/95 reportó el hecho. Lo que se preguntaba la comunidad internacional era qué hacia Shell haciendo negocios con un gobierno que no respetaba los derechos humanos.

En el fuero de la opinión pública, la situación no fue menos complicada. Son múltiples los blogs y websites donde se expresa la condena a la organización, e inclusive, algunos grupos de consumidores ¨verdes¨ llamaron un boicot en contra de Shell.

En este caso, lo que queda preguntar es:
¿Qué pasó entre la empresa y este líder comunitario para que la situación llegara a este extremo?,
¿La empresa tomó en cuenta la voz del líder?, ¿Estaba este líder ambiental considerado dentro del círculo de interés, y de ser así, se formuló alguna estrategia de respuesta a sus reclamos?

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